-Eres tan guapo, podrías ser modelo, lo sabías?-
Creo que he escuchado eso mil veces, pareciera ser que buscándote otra profesión se liberaran de la culpa por pagarte, nunca me dijeron
-"eres muy guapo, podrías ser chapero"-
No, siempre puedo ser actor, modelo, conductor de televisión, hasta bailarín me dijeron alguna vez, pero no, pasa que soy acompañante, un tipo que cobra por su tiempo.
No crean ustedes que es tan fácil como pararse en una esquina a esperar que uno te coma el rabo, ser acompañante no es lo mismo que ser puto de esquina, tengo que reventarme en el gimnasio para mantener un cuerpo elegante, tampoco me puedo pasar o parecería go go dancer y tengo que mantener cierto estilo, leo todos los días al menos cinco periódicos, mientras estoy en la elíptica del gimnasio leo novelas clásicas, entiendo de futbol, rugby, tenis, polo, hablo tres idiomas, etc. En resumen, me preocupo de que el tiempo que un cliente me pide -que rara vez es una hora- valga lo que por el pido -que es bastante más de lo que te pedirá el niñato de la esquina por una comida de rabo-.
No me sorprendí cuando, al abrirme la puerta, apareció un tipo muy guapo aunque su 1.95 Mts de altura imponían mucho al lado de mi 1.73 -ya, complejo eterno-, tampoco me sorprendió que viviera en una especie de palacio, ni menos aún que tuviese fotos con la reina, de hecho lo que me sorprendió fue que sacara una botella de carmenere del 2004 -por supuesto un vino Chileno y claro está, un año increíble- y me lo sirviera sin preguntar -tuvo la delicadeza de descorcharlo frente a mi, jamás bebo nada si no esta sellado de fábrica- me encendió un cigarrillo sin consultar y me lo acercó.
-"Que pasa si soy abstemio?"-
-"No eres abstemio, disfrutas del vino tanto como del sexo"-
-"Donde está el chocolate entonces?"
-"Eso prefieres disfrutarlo solo"-
La sensación que me produjo este primer abismo de comunicación fue extraña, por un lado no soporto cuando alguien decide por mi, menos aún cuando decide correctamente, por otro lado me sentí un poco desnudo -y mira que no me molesta estarlo- pero ya sabéis a que me refiero, intenté recomponerme pero era demasiado tarde, había una mueca de satisfacción en su rostro, odio ese tipo de muecas así que traté de borrarla con un comentario sobre la situación de Oriente medio, no me gusta que me subestimen así que lancé un comentario sobre el modelo de la dictadura griega y los filósofos que la defendieron... me paro en seco
-"no necesitas eso, me comentaron que eras un chico inteligente y por eso te llame, no necesitas demostrarme nada"-
Ahí estaba de nuevo, esa sensación incómoda, casi insoportable, me sonroje... creo que la ultima vez que lo hice fue con mi primer beso, pero ahí estaba yo, sentado en quien sabe cuantas décadas de historia mueblista con la cara en rollo atardecer
-"De qué hablamos entonces?"- Le pregunté.
-"Hablemos de música"- Respondió.
Y así fue la siguiente hora, hablamos de música, de pintura, escultura y arquitectura, todas áreas que me fascinan y que el manejaba vastamente, si bien la charla fue animada seguí sintiéndome incomodo, el guiaba siempre la conversación, intuía lo que yo respondería y me corregía sin siquiera yo terminar de dar una opinión, al cabrón le gustaba sentirse superior, por eso me había llamado, por eso quería pagarme.
Tal vez siempre le hicieron burla por ser tan alto, tal vez fuese su cabello extremadamente rubio, tal vez el hermano del medio o simplemente su orientación sexual -recientemente aceptada claro- no se que motivaba su complejo de inferioridad -y me importaba mas bien poco- pero desenmascararlo en su condición me devolvió la confianza, ahí tenía a uno que se había vuelto profesor para poder humillar a los pobres estudiantes, uno que necesitaba discutir con un chapero para sentirse superior, me mosqueó, pero ya le había quitado el antifaz.
Comencé a mirarlo directamente a los ojos mientras seguíamos conversando, siempre me han dicho que mi mirada es mi arma mas poderosa, no se que tiene de especial, tengo los ojos marrones un poco achinados -que sin parecer chino- bien enmarcados por unas cejas pobladas de las que nunca he sacado un solo pelo, y un tanto hundidos, no se bien porque producen lo que producen en la gente, pero siempre resulta. No recuerdo en que iba la conversación, a este punto me daba lo mismo, solo recuerdo que comenzó a sentirse incómodo, trataba de evitar mi mirada pero no podía, yo me movía lento en la silla, dejando ver un poco de mi bulto, flexionando mis biceps, enmarcando la clavícula y el cuello, pasándome como sin querer la lengua por los labios mientras hablaba, el caía en cada uno de mis gestos.
Algo que siempre me ha excitado es quedarme desnudo del todo mientras la otra persona permanece vestido, soy el centro del espectáculo, la razón de su calentura y de sus fantasías, ahí tirado en la cama con sus manos bajando por mis costados y sus labios dibujándome la espalda, me siento como el juguete de moda, el que todos quieren tener y eso me pone burro -saquen las conclusiones que quieran-. A este punto me había desecho de la ropa camino a la habitación y me entregaba despacio a el, apoyando mis manos sobre el colchón levantaba un poco el culo y lo rozaba con su paquete, acercaba mi cuello a su boca para que lo lamiera, con cada movimiento ronroneaba despacio, quería que supiera que estaba en sus manos, que el era superior así que lo mantenía encima mio.
Me di la vuelta y comencé a desnudarlo, fui desabrochando uno a uno los botones de su camisa, un cuerpo bonito apareció ante mis ojos, nada que me sorprendiera, muchos de mis clientes tienen cuerpos de escándalo, mi lengua jugueteó con sus pezones, primero uno luego el otro, lengua babas y luego dientes, un bufido me indicó que le gustaba así que le dediqué mas tiempo de lo normal, subí y le comí los morros, mi lengua busco la suya y la acarició con delicadeza, lamí sus labios luego acaricié la punta de la suya, mis dedos ejercían presión en su espalda mientras con la otra mano recorría su pierna, desabroché lentamente sus vaqueros y se los quite, lo mismo con sus calcetas, volví a su boca y baje lentamente con mi lengua por su cuello, su pecho, me entretuve un momento en su paquete que ya manchaba con las gotas que anuncian una buena calentura, baje por sus piernas -siempre con mi lengua- hasta llegar a sus pies, su impresión me dejo claro que nunca se los habían comido así que me empeñe en hacerlo bien, jugué con mi lengua desde el talón al metatarso -siempre mirándolo a los ojos, su cara se transformaba con cada lamida- con la punta dibujaba círculos en la planta, luego repasaba lamiendo, subí a sus dedos y lamí entre ellos como si de un manjar se tratase me los metí todos juntos a la boca, siempre moviendo mi lengua, el profirió un gemido exquisito.
Luego de comerle ambos pies creí que ya era hora de dejar en claro algunas cosas, así que subí por el reverso de la pierna derecha, levantándola un poco, cuando mordí su muslo se volvió loco, empujándolo desde ahí le di la vuelta y sin dejar espacio a alguna reacción me hundí en su culo, mi lengua húmeda se incrustó en su agujero, penetrándolo por primera vez, el intento protestar pero cuando comencé a enterrar mi lengua al tiempo que con los dedos de mi mano jugaba con sus pelotas, se dejó. Le comí el culo un buen rato, a esa altura yo ya estaba durísimo así que, sin dejar de darle lengua, me puse el preservativo, el se agarraba el culo abriéndolo, dejándome una de mis perspectivas favoritas del cuerpo humano, subí por su espalda hasta su cuello, puse la punta de mi rabo en la entrada de su culo, le escuche gemir solo por plantearse el ser penetrado.
-"Que pasa?"- pregunté divertido
-"Nada"- respondió ahogado mientras movía el culo
-"Estas seguro que quieres? no quiero hacerte daño"- le dije inocente
-"Hazlo"-
-"Pídemelo"-
-"Fóllame"-
-"Pídemelo bien"- La palma de mi mano en su culo se escuchó en todo Madrid.
-"Fóllame por favor, párteme el culo, fóllame que soy tuyo"-
El grito que profirió cuando le metí todo el rabo de una sola vez le salió del alma y se fue a parar directamente a mi archivo de logros, movió el culo esa noche como de una verdadera puta se tratase, tanto gimió de placer y tantas veces me pidió que no parase; que me lo siguiera follando; que era mio, que luego no pudo seguir mirándome a la cara, no lo hizo cuando me vestí ni cuando me pagó, tampoco me miro a la cara cuando me despidió en la puerta.
No me volvió a llamar, supongo que eso me hace sentir mejor, soy un tipo que vende su tiempo, me pagan para que durante ciertas horas me dejen jugar con ellos, para que los manipule a mi antojo, para que los controle, para tomar el poder y, durante esas horas,sentirme el centro del universo... ¿quieren sacar conclusiones? háganlo pero no me mareen a mi con ellas porque, por ahora, no las necesito
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